El abanico como objeto artístico

El abanico como objeto artístico

El abanico es un complemento de moda cuyo origen sitúan la gran mayoría de estudiosos en el lejano Oriente. A pesar de esto, son muchos quienes consideran el flabelo egipcio como su más cercano antecedente.

Aunque hoy en día no goza de la popularidad de su edad de oro, todavía hay en Occidente fábricas de abanicos, sobre todo en España y en algunos países americanos como Puerto Rico o México.

¿Cómo se fabrican los abanicos?

En el proceso de fabricación de estos objetos intervienen diversas disciplinas artísticas, como la pintura para la decoración del país, la talla para los realizados en marfil, hueso o nácar y para los modelos más lujosos, cuyas varillas podían estar realizadas en distintos metales, orfebrería. Junto a los grandes maestros de estas disciplinas, trabajaban artesanos expertos en corte, plegado y el pegado de los distintos materiales que conforman el cuerpo del abanico. El hecho de que en la elaboración de los abanicos interviniesen tantas manos, contribuyó a que fuera necesario la participación de múltiples talleres especializados. En la actualidad muchos de estos procesos se han mecanizado, lo cual ha favorecido la producción; no obstante, algunos todavía requieren de un trabajo minucioso y artesanal como ocurre con el trabajo sobre nácar.

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Cuadro atribuido a Vicente López. Dama con abanico. Óleo sobre lienzo. Lote 109 de la Subasta 551. Foto: Durán Arte y Subastas.

Tipologías del abanico

El uso del abanico se introduce en Europa en el siglo XVI gracias a los navegantes portugueses que lo trajeron desde Oriente.

Antes de la aparición del abanico plegable, se tiene constancia de la existencia de abanicos de encaje o plumas; sin embargo, en lo que se refiere al modelo tradicional de varillas desplegables se dan distintos estilos a lo largo del tiempo.

En el caso de España es frecuente encontrarnos, durante los siglos XVI y XVII, abanicos de vuelo corto (trece varillas), de hecho, datan de este siglo las primeras referencias de maestros abaniqueros como Juan Sánchez Cabezas, Francisco Álvarez de Borja o Jerónimo García. Los abanicos del Siglo de Oro solían ser pintados o bordados como el que aparece en el famoso cuadro La dama del abanico de Diego Velázquez pintado en el año 1635.

A pesar de la calidad de los abanicos españoles, en este periodo pronto se encontraron con otros competidores extranjeros como los franceses y los italianos. Sin embargo, en el siglo XVIII España recupera su primacía cuando Carlos II decide subvencionar la industria abaniquera, de hecho, fue precisamente en ese momento cuando se fundó el gremio de abaniqueros en la Comunidad Valenciana con la Real Fábrica de Abanicos. En la primera mitad del siglo XIX, estuvieron en auge los pequeños ejemplares de la época Imperio, en el Romanticismo derivan en mayores dimensiones hasta desembocar más adelante en el pericón. En ambos periodos, se impone el papel grabado como decoración del país del abanico y más adelante, el uso de gasa pintada y el encaje.

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Abanico español del segundo cuarto del siglo XIX. Lote 572 subasta 551. Foto: Durán Arte y Subastas.

Con anterioridad al siglo XX eran pocos los pintores de renombre que participaban de forma habitual en la decoración de estos objetos artísticos y, en caso de hacerlo, no solían firmar sus creaciones salvo que se tratase de un obsequio personal a las damas de alta alcurnia. Es a partir del siglo XX cuando se empiezan a firmar las piezas realizadas a mano.

El abanico fuera de Europa

Los principales antecedentes del abanico son, como ya hemos mencionado con anterioridad, el quitasol o flabelo egipcio. Se tiene constancia de su uso desde la dinastía XIX y ya en la tumba de Tutankamón constaban como parte del ajuar. A partir del siglo V a.C. el flabelo egipcio aparece en la Antigua Grecia y más tarde en la Antigua Roma.

Los abanicos son también objetos esenciales en las culturas china y japonesa, siendo fundamentales en algunas ceremonias y espectáculos teatrales. En Japón el abanico estaba más ligado a lo cotidiano y algunos estaban estrechamente relacionados con la ceremonia del té.

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Abanico español de finales del siglo XIX. Lote 569 de la subasta 551. Foto: Durán Arte y Subastas

Simbolismo y lenguaje del abanico

Aunque en principio eran objetos utilizados por ambos sexos, finalmente terminaron siendo exclusivos de las damas, convirtiéndose en un complemento de moda indispensable en las clases altas. De hecho, se llegó a crear un lenguaje propio según la posición o el modo en el que se empleaba.

En la cultura oriental simboliza el aire y dentro del taoísmo está relacionado con la idea de la liberación.

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Abanico de mediados del siglo XIX. Lote 571 de la subasta 551. Foto: Durán Arte y Subastas.